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Un Niño de 14 años tuvo síntomas durante dos años hasta que los médicos detectaron el problema. Luego de un tratamiento con antibióticos su cuadro mejoró y no le quedaron secuelas.

En 2015, un niño de 14 años sorprendió a sus papás al desarrollar síntomas psiquiátricos. Se sentía abrumado, confundido, deprimido y agitado, al tiempo que aseguraba ser “el hijo del demonio”. Esto fue repentino, ya que hasta ese momento era un chico activo y sociable. Sus padres, preocupados, lo llevaron a distintos médicos para averiguar qué le sucedía pero tardaron dos años en descubrirlo.

Durante este tiempo fue hospitalizado varias veces y al menos dos psiquiatras le diagnosticaron esquizofrenia. Pero el pequeño empezó a desarrollar otros síntomas, como alucinaciones, fatiga excesiva, dolores en el pecho y dificultades para respirar. Asimismo, se rehusaba a salir de su casa. En 2016 lo internaron otra vez, durante 11 semanas, para practicarle exámenes médicos, aunque la conclusión fue la misma: esquizofrenia.

Al regresar del hospital sus papás notaron que tenía estrías en la axila y el muslo pero no quisieron volver a ingresarlo en una institución. Recién en enero de 2017 un doctor reconoció esas marcas como lesiones provocadas por el rasguño de un gato y supo qué pasaba.

El chico tenía neurobartonelosis, una infección provocada por la bacteria Bartonella que puede causar síntomas neurológicos. La patología también se conoce como enfermedad o fiebre del rasguño del gato. Debido a la rareza del caso, los especialistas decidieron publicar el reporte en la revista científica Journal of Central Nervous System Disease.

La neurobartonelosis se transmite a través de los arañazos de gatos domésticos o salvajes que tengan pulgas infectadas con la bacteria. Los síntomas usuales son fiebre moderada y ganglios inflamados, aunque en algunas ocasiones pueden presentarse complicaciones neurológicas. De todas formas, el artículo indica que la infección se autolimita y no necesita medicación. Para prevenir el contagio es preciso mantener a los felinos libres de pulgas, con las vacunas al día e intentar que pasen la mayor parte del tiempo dentro de las casas.

En cuanto al pequeño paciente estadounidense, los médicos le administraron antibióticos durante dos meses, se recuperó por completo y no tuvo secuelas.

 

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