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Los habitantes de la costa colombiana tienen cráneos más gruesos que los del resto del país
Agencia de Noticias de la Universidad Nacional

Tras evaluar 136 cadáveres de distintos puntos de Colombia y medir el tamaño de sus huesos, una investigadora de la U. Nacional comprobó que hay diferencias notables. Asegura que sus hallazgos pueden ser útiles para identificar la procedencia los desaparecidos durante el conflicto armado.

Quienes viven en el Pacífico y el Caribe tienen un cráneo con un grosor de 8,23 mm en el lado izquierdo y 8,19 mm en el derecho, mientras que las medidas para los habitantes de Cundinamarca son de 7,25 mm a la izquierda y 7,33 mm la derecha.Agencia de Noticias de la Universidad Nacional de Colombia

Una muestra de 136 cadáveres sometidos a craneometría demostró que los individuos nacidos en las zonas costeras de Colombia –Pacífico y Caribe– presentan un grosor craneal mayor que los originarios de otras regiones colombianas.

El estudio, realizado por la investigadora Maribel Palencia, magíster en Morfología Humana de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), explica que, por ejemplo, en el hueso frontal que ocupa la superficie de la cara y que corresponde a la frente y una parte de las cejas, los individuos que presentaron un mayor grosor son de las regiones Pacífico y Caribe, con 8,23 mm en el lado izquierdo y 8,19 mm en el derecho.

“Estos se podrían conocer como ‘cabezas duras’, en comparación con personas que son del centro del país”, señala Palencia e indica que un ejemplo es el grosor del hueso frontal de una persona de Cundinamarca, que, en comparación con los individuos de la Costa, mide 7,25 mm a la izquierda y 7,33 mm la derecha.

Agrega que una de las hipótesis sobre esta diferencia es que como las personas de las costas están más expuestas al sol, esto les ayuda a absorber el calcio de la vitamina D para los huesos.

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“Quizá por eso exista un patrón ancestral en el que predominan los ‘cabeza dura’ y explique por qué en el siglo XVI los conquistadores mataban a machetazos a los indígenas de las costas de América”, cuenta.

Por otro lado, el estudio muestra que mientras el hueso frontal de las personas de Cundinamarca tiene un mínimo de grosor, las de Boyacá, Tolima, Meta, Caquetá, Antioquia, Santander, Norte de Santander, Guaviare, Santander y Caldas mantienen un promedio de 7,82 mm a la izquierda y 7,52 mm a la derecha.

Los capitalinos mantienen una medida de 7,59 mm y 7,53 mm de la parte superior del cráneo que está delante de los huesos parietales, los cuales también fueron medidas.

Así mismo, el grosor del hueso parietal, ubicado a ambos lados del cráneo, marca una diferencia entre individuos de las costas y el interior del país. Los primeros tienen un espesor en este lado de la cabeza de 6,89 mm, tanto en izquierdo como en derecho, mientras que Cundinamarca mantiene una medida de 5,55 mm en izquierda y 5,19 mm en derecha.

El estudio también valoró la diferencia en edad y género. Por ejemplo una persona de 19 años tiene un grosor óseo de 6,3 mm, mientras que una de 35 años puede tener un espesor de 8,7 mm.

La investigadora señala que los resultados pueden estar correlacionados con el aumento de la resorción ósea, en el que las células que degradan, absorben y remodelan los huesos –conocidas como osteoclastos– eliminan tejido óseo; este proceso es directamente proporcional al envejecimiento celular, es decir que a medida que aumenta la edad aumenta el grosor.

En la comparación entre grosores de hombres y mujeres, se halló que, por ejemplo, el hueso frontal de las mujeres es más grueso que el de los hombres, con una medida en el izquierdo de 7,85 mm frente a 7,67 mm, y en el derecho de 7,76 mm contra 7,62 mm.

Como parte de la investigación judicial iniciada por la muerte, a los cadáveres se les realizó necropsia médico-legal en las sedes Soacha, Sabana de Bogotá, Villavicencio y Bogotá, del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Se trata de personas entre los 18 y 45 años, de distintas regiones del país.

Para Palencia esta investigación es un punto de partida para que, tras la firma del Acuerdo de Paz, los antropólogos puedan identificar la procedencia de una parte importante de las personas desaparecidas durante el conflicto armado.

 

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