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Alexander Gabyshev. Foto: Andrei Zatirko / sibreal.org

 

Alexander Gabyshev, un chamán que se dirigió a Moscú para expulsar a Vladimir Putin, a quien califica como un demonio, fue arrestado y ahora enfrenta la posibilidad de ir a juicio.

Por Pavel Aptekar | The Moscow Times

Traducción libre del inglés por lapatilla.com

La detención de Gabyshev es el resultado no solo de su participación en actos de protesta, sino también de la seriedad con la que muchos representantes de las autoridades y servicios especiales consideran las supersticiones y las prácticas ocultas.

El jueves 19 de septiembre, los compañeros de viaje de Gabyshev informaron que las fuerzas de seguridad, armadas con fusiles y porras automáticas, habían irrumpido en el campamento donde el chamán pasaba la noche, en la frontera de la República de Buriatia y la Región de Irkutsk.

Lo arrestaron y se lo llevaron en un autobús de la policía en dirección a Ulan-Ude.

Sin nombrar a nadie, el departamento de asuntos internos de la república informó que Gabyshev había sido detenido por orden de un investigador en relación con un su´puesto crimen cometido en Yakutia, y que hay planes en marcha para transportarlo a Yakutsk. Ahora, el chamán puede ser acusado de extremismo.

El viaje de Gabyshev a Moscú ya había ocasionado al arresto de sus compañeros de viaje, que fue la chispa de los recientes disturbios civiles en Ulan-Ude.

El descontento se convirtió en protesta, exigiendo que se revisaran los resultados de las elecciones municipales, hasta constituirse una alianza ad-hoc entre chamanistas locales y comunistas.

Un intento de expulsar a los demonios del Kremlin en la era de los teléfonos inteligentes y las supercomputadoras parece ridículo, al igual que los posibles cargos de extremismo contra Gabyshev. Por ende, se deduce que los rituales ocultos se toman como una verdadera amenaza para el estado ruso.

Sin embargo, esto no debería sorprendernos. Muchos rusos han perdido la confianza en los fundamentos racionales del orden mundial y el aparato estatal, y la falta de explicaciones científicas está siendo suplantada por las supersticiones y las teorías de la conspiración, incluso en la televisión estatal.

Pero esto es solo la mitad del problema. Explicaciones similares de la realidad y los métodos ocultistas están muy extendidos entre los rangos superiores de los servicios especiales, aquellos cercanos al liderazgo del país.

En las décadas de 1920 y 1930, los miembros de la NKVD, predecesora de la KGB , se interesaron activamente por el ocultismo.

En la Rusia postsoviética, tales prácticas fueron promovidas por el difunto general Georgy Rogozin, ex jefe adjunto del servicio de seguridad presidencial, quien en una entrevista con el tabloide Komsomolskaya Pravda dijo una vez: “Existen métodos poderosos que abren la psicotronía. Esta ciencia controla el cerebro para ver la trayectoria de la vida de una persona, sus altibajos, es suficiente para saber cuándo nacieron”.

Otro alto funcionario, el general del Servicio Federal de Seguridad, Boris Ratnikov, le dijo a Rossiyskaya Gazeta en diciembre de 2006 que los servicios especiales habían aprovechado el subconsciente de la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright, y descubrieron un “odio patológico hacia los eslavos” y los sueños de control sobre Rusia.

El secretario del Consejo de Seguridad, Nikolai Patrushev, en 2015 reconstituyó esto como una “declaración” de Albright de que Siberia y el Lejano Oriente no pertenecían a Rusia.

Es imposible adivinar qué amenazas han podido escanear los cuerpos de seguridad actuales en el subconsciente del chamán.

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