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Esta ilustración muestra las sondas Voyager 1 y Voyager 2 de la NASA fuera de la heliosfera, la burbuja protectora creada por el Sol alrededor de nuestro sistema solar.


Esta ilustración muestra las sondas Voyager 1 y Voyager 2 de la NASA fuera de la heliosfera, la burbuja protectora creada por el Sol alrededor de nuestro sistema solar. – NASA/JPL-CALTECH


   MADRID, 9 Oct. (EUROPA PRESS) –

   Las naves Voyager 1 y la Voyager 2, lanzadas hace 43 años y que están viajando a través del espacio interestelar, aún brindan nuevos conocimientos científicos.

   A 21 horas luz de la Tierra, las sondas todavía están informando datos, incluido el instrumento Plasma Wave Science (PWS) en cada nave, que utiliza el largo par de antenas en forma de V para medir oscilaciones en el plasma circundante. De estas oscilaciones, podemos inferir la densidad de electrones del ISM (Medio Interestelar Circundante) por el que viajan las Voyager.

   En un nuevo estudio publicado en The Astrophysical Jorunal Letters, los científicos de la Universidad de Iowa William Kurth y Donald Gurnett informan sobre la última medición del instrumento PWS de la Voyager 2, que indica que la densidad de electrones del ISM está aumentando actualmente a medida que la sonda se aleja del Sol.

   Este descubrimiento es perfectamente consistente con los datos de la Voyager 1, que también ha informado de un gradiente de densidad radial creciente desde que cruzó el límite de la heliosfera y entró en el espacio interestelar, según un comunicado de la American Astronomical Society (AAS).

   Las naves tienen trayectorias que difieren en 67 grados en latitud y 43 grados en longitud, por lo que con los nuevos datos de la Voyager 2 publicados por Kurth y Gurnett, ahora tenemos la confirmación de que el gradiente de densidad radial medido por primera vez por la Voyager 1 es una característica a gran escala alrededor de la nariz heliosférica, es decir la parte de la helisfera en la dirección de las naves.

   ¿Qué está causando el gradiente? Se han propuesto dos teorías: una es que la interacción del viento solar con el ISM muy local crea una región de acumulación fuera de la heliosfera, o el cubrimiento de líneas de campo magnético sobre el límite exterior de la heliosfera agota el plasma justo dentro de la heliosfera.

   Potencialmente, seremos capaces de diferenciar entre estos dos modelos una vez que tengamos mediciones de densidad incluso más lejos en el ISM, si las naves Voyager siguen funcionando, explican los autores.

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