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Los inmigrantes que quieran donar sus órganos pueden hacerlo, pero al momento de necesitar un trasplante su estatus legal puede ser una dificultad al no tener los seguros médicos.

 “Tú vas al hospital y puedes donar tus órganos aunque seas inmigrante” e indocumentado, se lamenta Abigail Martínez, pero “cuando tú eres inmigrante no te pueden dar un riñón, yo creo que es injusto”. 

 Su marido, José Antonio Martínez, sufre desde hace cinco años una enfermedad renal, según informa la emisora NY1, y el tratamiento de diálisis al que lleva sometiéndose desde entonces ya no es suficiente.

“Su riñón ya se hizo muy pequeño, ya no le sirven los riñones”, explica su esposa, “no tenemos el dinero, no tenemos los fondos para que a él lo operen”.

 Martínez necesita un trasplante de riñones para sobrevivir. Y no es el único. Según un estudio publicado en febrero de 2018, alrededor de 6,500 inmigrantes indocumentados en todo el país sufren una enfermedad renal grave, pero en la mayoría de estados sólo pueden ser tratado con diálisis en caso de emergencia.

Y casi nunca pueden recibir un trasplante de riñón (se han registrado casos en California), que es una opción más saludable para el paciente y menos costosa para el erario público que la diálisis. Además, añade el estudio, los inmigrantes indocumentados donan sus órganos en mayor cantidad de la que reclaman un trasplante.

No existe una regulación legal que impida a estos inmigrantes recibir trasplantes; el problema es que, sin seguro médico disponible, el precio es casi siempre inasumible. 

Y el seguro médico públicosólo cubre la diálisis ordinaria (no de emergencia) en estados como Nueva York, CaliforniaIllinois y Washington DC (en el resto, sólo se puede realizar en situaciones de emergencia, pese a ser un tratamiento que se precisa periódicamente), pero casi nunca cubre el trasplante.

En 2015, por ejemplo, una clínica de Nueva York se negó a trasplantarle a una mujer con una enfermedad renal en fase terminal el riñón que le iba a donar su propio marido, al enterarse de que ambos eran indocumentados y, por tanto, el seguro público Medicare no cubriría la intervención.

 Según informó entonces el diario Daily News, un trasplante costaba 106,000 dólares, mientras que la diálisis (dos veces a la semana de forma indefinida) cuesta 72,000 dólares al año (para toda la vida).

Es por ello que, pese a pagar sus impuestos en Estados Unidos, algunos afectados viajan a México a realizar el trasplante, aunque allí el precio sigue siendo muy alto (40,000 dólares en 2011, según el diario The New York Times) y requieren de préstamos.

El congresista estatal Félix Ortiz ha presentado en mayo una propuesta de ley para que el seguro médico público Medicaid cubra los trasplantes a aquellos pacientes que lleven al menos dos años bajo diálisis. Según ha relatado a NY1, hay al menos seis inmigrantes indocumentados que lo requieren. 

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