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En las últimas horas un grupo de hondureños se ha reunido en Choluteca, al sur del país para formar una nueva caravana migrante como las que se vieron en enero y marzo pasado, los ciudadanos se han cansado de la miseria y optan por viajar a pesar del virus, la violencia y demás peligros de la “ruta migrante”.

 

 

Redacción Central / EL LIBERTADOR

 

Tegucigalpa. Desde marzo pasado cuando se identificó los primeros casos positivos del Covid-19, especialistas en sociología y economía alertaron a través de EL LIBERTADOR que era urgente la transformación del Gobierno porque los problemas de Honduras se iban a agravar.

 

Y en efecto esas predicciones se están cumpliendo porque a corto plazo el gobernante Partido Nacional, que ya empezó carrera electoral, no ha sabido manejar los recursos del financieros del Estado para amortiguar el golpe de la pandemia a la economía, sólo por corrupción ha brillado el régimen.

 

Así los hondureños están desamparados y han preferido formar nuevamente las caravanas migrantes, el modo migratorio hondureño que consternó al mundo en 2018 con el éxodo que puso entre la espada y la pared a los “poderosos”.

 

Con pocas medidas de bioseguridad, con esperanza de un mejor futuro y con el dolor de dejar su tierra, ciudadanos de Choluteca emprendieron el viaje anoche, desde la Plaza del Maestro, buscarán llegar a Estados Unidos.

 

Tras once años en crisis económica, social y política, el hondureño no se desiste de salir del país, en meses pasados de enero y marzo también se informó de una caravana migrante y durante 2019 hubo otras un tanto “fugaces”; sin embargo el éxodo sigue.

 

La nueva caravana espera llegar esta tarde a la frontera con Guatemala, intentará cruzar a territorio extranjero y de allí a seguir el largo camino a México y Estados Unidos, donde por cierto miles de migrantes viven en condiciones deplorables porque los gobiernos norteamericanos no cumplieron sus promesas de ayudarles y por el impacto del virus.

 

Se sabe que en México hay entre 80 y 60 mil hondureños varados desde 2018, quienes optaron por esperar recibir un “pasaporte humanitario”, bajo un estricto y lento procedimiento donde se analiza la condición de cada persona para definir si cumple con requisitos para recibir el asilo político en EE.UU. o en tierra azteca, en julio pasado el Gobierno mexicano dijo tener en mano 80 mil peticiones.

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