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Cuando los dinosaurios y otros grandes depredadores se extinguieron hace unos 65 millones de años, muchas criaturas ocuparon nuevos nichos ecológicos. Algunos de estos seres prehistóricos tuvieron que hacerse un hueco en aquellos nuevos ecosistemas. Esa transicón ecológica se produce cuando una determinada población ocupa un terreno, aprovechándose de la ausencia o disminución de la competición entre especies. Entre esas criaturas que prosperaron en aquel nuevo mundo de hace decenas de millones de años figuran numerosas especies acuáticas, entre ellas un pariente lejano de las actuales boquerones datado de hace entre unos 51 y 41 millones de años.

La extinción masiva del Cretácico-Paleógeno, como se conoce aquel evento ecológico que acabó con la vida de los dinosaurios, hizo sucumbir a muchos de los grupos de organismos que por aquel entonces habían poblado el planeta durante unos 150 millones de años. Las causas fueron múltiples: alteraciones repentinas de los ecosistemas, aerosoles tóxicos en la atmósfera, intoxicación y acidificación de la hidrosfera, incendios, oscurecimiento de la luz solar o largos períodos de sequía. Parece que gran parte de estos efectos tuvieron lugar a partir del impacto de un meteorito en la superficie terrestre. En cualquier caso, aquellas especies que se libraron de la extinción pudieron beneficiarse de una menor competitividad por los recursos, aunque para ello tuvieron que adaptarse a aquel mundo nuevo.

Peces prehistóricos

El lo que les pasó a dos peces prehistóricos: el de la especie Clupeopsis straeleni, de la que se ha analizado un fósil de unos 30 centímetros de longitud descubierto recientemente en Bélgica, y un espécimen catalogado con un nuevo género cuyos restos han sido hallado en la provincia del Punjab, en Pakistán. Ambas criaturas tienen una peculiaridad: se asemejan bastante a los boquerones actuales, de los que difieren por una característica destacable: una hilera de colmillos en la mandíbula inferior y un punzante diente incisivo en la superior al que los científicos han bautizado con el nombre de ‘diente de sable’, por su similitud con los que tenía el tigre prehistórico del mismo nombre.

La apariencia de estas bestias del eoceno era tan aterradora que los investigadores dieron al fósil de Pakistán con el nombre de Monosmilus chureloides. El nombre del nuevo género responde a las palabras del griego antiguo mónos (único) y smil’e (cuchillo), en referencia a su característica mandíbula serrada, mientras que chureloides se refiere a la denominación en undu para referirse a un demonio con grandes dientes .

Las dos especies encontradas tenían unos dientes afilados diseñados para capturar y matar a sus presas

Ambas especies contaban con unos afilados dientes que les servían de herramienta específicamente diseñada para atrapar a sus presas, según especifican los autores del descubrimiento en un estudio publicado por la Royal Society de Londres.

Este descubrimiento inesperado subraya los extraordinarios rasgos evolutivos que desarrollaron algunas especies durante el paleoceno inferior para adaptarse a aquella nueva vida que se abría paso después de la extinción masiva. Aquellos peces carnívoros no llegaron a nuestros días, aunque sí que convivieron con algunos congéneres panctívoros similares a los boquerones actuales que todavía prosperan en nuestros mares más de 40 millones de años después.

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